Habia una vez en un reino muy lejano una princesa muy pequeña. Esta princesa tenía un problema, cuando se miraba al espejo siempre se veia más pequeña de lo que era en realidad, tan pequeña, tan pequeña como un granito de arroz.
A la princesa no le importó este hecho mientras era una niña, incluso dejaba que su compañero de juegos siempre la llamara Princesita por lo pequeña que se veía.
Pero, un día decidió cambiarlo todo y le dijo a su amigo,
-ya no podrás llamarme nunca más Princesita
-Pk?
- Pk ya soy una persona adulta y seré la futura reina!
El muchacho se murio de pena ya que adoraba a la Princesita
Pero la verdad, es q la Princesita le había engañado y no era esa la realidad. Ella le había pedido esto porque pensaba que algún día tendría que despedirse de él y ese nombre le hacía recordarle que ella siempre lo amaría. Princesita, significaba todo el cariño, los juegos que habían compartido, las miradas y todos esos momentos especiales que algún día tendrían que terminar.
Pero pasó el tiempo y nada cambió. Excepto su nombre. El muchacho la empezó a llamar Porsunombre, alteza, majestad y al final por supuesto, reina, y se le fue olvidando Princesita.
La princesa moría de pena por dentro.
Mucho tiempo después se casarón. Nadie supo como se pudieron saltar todas las normas del reino, todas las prohibiciones paternas y ganar al destino y el cosmo jugando en su contra pero lo consiguieron. Y al fin la princesa, perdón, reina, se decidió a hablar con su marido y pedirle de regreso ese nombre.
- No puedo cariño, ese nombre murió el día que me lo pedistes, sabes que nunca te he negado nada pero aquel día se rompio mi corazón y creo que nunca podré rescatarlo.
Ella se sintio triste por mucho tiempo, aunque luego se acostumbro a siempre echar de menos a esa Princesita, esa que murió el día que ella decidió que no le gustaba ser un granito de arroz. Pero, con ella se fue una parte de ese amor que el siempre le tubo, un amor que solamente ellos compartian, un amor que solamente él sabía darle, y que duró mil años pero que nunca fue igual.
El día que la reina murió su amado esposo escribió
- Siempre te ame Princesita
Y fue él el que ahora comprendió que tenía que haber tardado menos.
Aunque sea triste el cuento a mi me encantó escribirlo. Vaya día ñoño que llevo!!!puff, eso es pk algo me ronda la cabeza...ya lo veo
pobre princesita...
ResponderEliminarbueno, pobre el otro, que ahora vivirá arrepentido.
ñoña! ^_^
qué mona estás! :P